El ataque vertical, la gran arma de Klopp contra el Madrid

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Llega un momento en la temporada futbolística en el que los equilibrios se rompen y los favoritos ya no lo son tanto como antes. Esto suele pasar en la primavera, la estación en la que las diferencias disminuyen por el cansancio y por la tensión en la que están involucrados los jugadores y, por ende, los once que bajan al terreno de juego para ganar el partido.

En la edición actual de la Champions League hemos tenido una muestra importante de esta tendencia cuando el Liverpool se ha cargado al Manchester City, uno de los grandes favoritos en esta competición desde el primer momento. El conjunto de Jurgen Klopp, un entrenador eléctrico y con mucha energía en el fútbol que despliega, es hasta entonces la gran sorpresa de la Champions de este año, y será el gran rival del Real Madrid en la final de Kiev del 26 de mayo.

El equipo inglés, uno de los grandes protagonistas históricos de la Champions League, se ha llevado este prestigioso trofeo en cinco ocasiones y ha disputado su última final continental en el mayo de 2007, cuando perdió contra el Ac Milan. Pero ahora se trata de un Liverpool diferente, menos fuerte en la Premier League y más contundente en la Champions, un territorio en el que se puede hacer un juego más atrevido y ofensivo aunque eso comporte unos cuantos riesgos. Y la habilidad de Klopp en saber armar ataques de tipo vertical ha cuajado perfectamente con la identidad de un equipo que no es precisamente maestro en llevar la pelota.

Sobre todo, la gran arma del Liverpool es su tridente de ataque: Mohamed Salah, Roberto Firmino y Sadio Mané son una delantera devastadora, que hace de la rapidez y de los pases al hueco su arma principal. Y no es un caso de que se trate de la mejor delantera de la historia de la Champions en cuanto a goles marcados en una temporada, es decir 29 en lo que va de año. Pocos hubieran pensado que el Liverpool sería tan contundente en ataque tras el traspaso de Philippe Coutinho al Barcelona el verano pasado. Sin embargo la partida del brasileño ha permitido a Klopp hacer hincapié en un juego más vertical y rápido, en el que Salah se ha elevado a principal peligro para las defensas, como atestiguan los 42 goles marcados por el egipcio esta temporada, 10 de los cuales en la Champions League.

La exhibición del africano en la semifinal de ida contra la Roma, en la que anotó dos goles preciosos y dio dos pases de gol, ha certificado el estado de gracia del ex delantero del Chelsea, ahora el gran alfil de Klopp. Su duelo con Marcelo en la gran final será uno de los grandes focos de este partido en el que el Madrid busca su decimotercera Champions y el Liverpool su sexta. Lo que queda claro es que la gran final será un partido espectacular y sin demasiados cálculos.

 

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